domingo, 9 de noviembre de 2014

La historia escondida (A. Chejov)

Consigna:

Escribir un texto que expanda una de las historias de “La señora delperrito” de Anton Chejov.

Para cualquier opción, antes de escribir, tenga en cuenta:

  • Quién relata
  • Desde el punto de vista de quién se relata 
  •  Qué datos incluir en la historia para que el lector comprenda sin ir al texto de Chejov
  • Qué estrategias del narrador justifican el hecho de contar historias escondidas. 

Narración: La historia escondida 

Un nuevo día comienza, extiendo la mano a lo largo de la cama buscándolo a él, pero no está.


–Cierto, Yarta.


Pasaron más de quince días desde que Dmitri viajó a Yarta y aun no regresó ni tengo noticias de él. No es que lo extrañara, para ser sincera hace mucho tiempo deje de sentir por él algo más que indiferencia, pero es incómodo asistir a las reuniones sociales donde la pregunta obligada es cómo se encuentra mi “querido esposo” y no tener respuesta. Suspiro y me levanto de la cama.


Me dispongo a atender mis labores, supervisar las tareas domesticas y atender a mis hijos. Ellos son lo único que rescato de este matrimonio, Andre, Vladimir y Ekaterina, son la razón por la cual hace mucho tiempo no abandoné esta casa
.

Luego del desayuno; despido a los niños que van al colegio y me dirijo a la biblioteca, pues leer es lo que más disfruto, si no tuviese otras obligaciones, me pasaría días enteros con la nariz detrás de un libro, ya que son un refugio, un escape de esta vida solitaria y rutinaria a la que yo misma me reduje en el momento en que acepté casarme con Dmitri Gurov. 


Me considero una mujer inteligente, normalmente no tomo una decisión sin cavilar todas las posibilidades, podría decir que mi juventud, la falta de experiencia y la fascinación por las historias románticas me llevaron a donde estoy ahora. Ansiaba enamorarme, sentía mucha curiosidad, me preguntaba si realmente era posible querer tanto  a una persona como afirmaban las innumerables novelas que leí. Y en ese momento apareció Dmitri, tengo que admitir que era, y aún es, sumamente apuesto además sabía exactamente cómo hablarme, cómo comportarse, qué hacer para predisponerme a su favor por lo cual, es difícil no caer ante el encanto de este hombre. Por todas estas cualidades hubo una época en la que se podría decir fuimos felices pero, con el paso del tiempo, la relación se desgastó, nos aburrimos.  Él se cansó de fingir, y yo podía notar el fastidio en su cara cada vez que intentaba iniciar una conversación y a veces ni siquiera se molestaba en responderme. Un día, cansada de su indiferencia, comencé a llamarlo Dimitri, la primera vez que lo oyó  pude divisar una chispa de enojo en su mirada, que desapareció en cuestión de segundos. Ese fue el fin, si no se molestaba siquiera en mostrar enojo, qué más podía esperar de esta relación. De ahí en más nos limitamos en no interferir en la vida del otro, él comenzó a realizar viajes y buscaba cualquier excusa para no estar en casa  y yo, en secreto, le estaba sumamente agradecida.


Un golpecito en la puerta me sacó de mis pensamientos.


-Señora, ya es la hora- dijo mi empleada.


- Muy bien, gracias- respondí.


Tenía una reunión en la casa de la condesa Smirov, no estaba de ánimos para reuniones pero ya me había ausentado a varias, y en esta ocasión no sabía qué excusa inventar. Además, la condesa fue muy insistente, y me pidió reiteradas veces que no faltara.


En el instante en que pisé la casa de la condesa me arrepentí de haber asistido. Había tantas cosas más importantes que hacer.


-¡Irina!- era la voz de la condesa.


- ¡Condesa!, es grato volver a verla- dije con una falsa sonrisa.


- Lo mismo digo. No sabes cuánto eché de menos tu presencia en la fiesta de la Baronesa Gólubev.


-Me disculpo por no asistir, pero Ekaterina no se sentía bien y, como entenderá, no podía dejarla.


-Por supuesto, te entiendo-dijo la condesa con tono condescendiente- Se encuentra mejor ¿verdad?


- Si, mucho mejor. Agradezco su preocupación


-Y el señor Gurov ¿cómo se encuentra? ¿Ha regresado de su viaje a Yarta? Tengo entendido que hace un buen tiempo se encuentra allí- Y ahí estaba la pregunta que tanto me molestaba. Si a mí no me preocupaba su retorno, por qué debería de importarle a los demás.


-Dmitri se encuentra en perfecto estado de salud y aún no ha regresado. Aparentemente va  a pasar una temporada más allí- contesté lo más cortésmente que pude.


-Me alegra que goce de buena salud, y ojala su estadía en Yarta no se prolongue demasiado, no es bueno para usted estar tanto tiempo sola- Sonreí a su comentario ¿Qué más podía hacer?


Durante nuestra conversación se acercó un caballero, saludá a la condesa y luego, ella me lo presentá.


-Irina, este es el señor Ivanov. Acaba de llegar de Yarta- me señala y dice- Ella es Irina Gurov, esposa de Dmitri Gurov.


-Encantando, señora- dice el caballero luego de besarme la mano- Tuve el placer de conocer al señor Gurov en Yarta, es un hombre con ideas bastante interesantes- dijo con una sonrisa pícara.


-Si, así es él- contesté. Me imaginaba a qué se refería y a qué se debía esa sonrisa.


-Mi última noche en Yarta lo vi en compañía de una dama encantadora. En cuanto regrese, por favor, discúlpeme por no haberme despedido correctamente, pero no deseaba interrumpirlo- Luego de oír esto comprendí la insistencia de la condesa para que asistiera a esta reunión.


- Le haré llegar sus disculpas- respondí mordazmente- Si me disculpan, iré presentarles mis saludos a los demás invitados- dije, y me alejé.


Me costó trabajo disimular mi descontento. Por supuesto, estaba enterada de las muchas infidelidades de Dmitri. Ya perdí la cuenta de cuántas noches llego a mi cama con la esencia de otra mujer impregnada en él. No estaba segura si no se molestaba en esconder su infidelidad o si me consideraba tan estúpida como para no notarlo. Quizá la intención de hacer tan evidente su adulterio era la de cansarme, quizá buscaba que con la excusa de sus múltiples traiciones yo abandonara mi casa, a mis hijos y por supuesto a él. Pero si esa era su intención, lo único que lograba era mostrar lo poco que me conocía. Admito que una vez estuve a punto de hacerlo, pero mi orgullo no me lo permitió. El día que me libere de este matrimonio será por su causa, tal vez él encuentre en una de sus tantas conquistas un motivo para quedarse junto a ella ¿Amor, quizá? ¿Dmitri es capaz de sentir amor?


El invierno llegó junto con Dmitri, repetimos nuevamente la rutina de ignorarnos, pero algo en él había cambiado. No dormía bien, por las noches daba vueltas en la cama y se sentaba interrumpiendo también mi sueño; por las mañanas se levantaba y caminaba alrededor de la habitación, sonreía y volvía a recorrer el cuarto una y otra vez.


En diciembre, durante las vacaciones Dmitri me dijo que se iría  de viaje a San Petersburgo. Podía sentir la euforia en su voz cuando me lo dijo. Algo en él había cambiado. Tal vez, la libertad que tanto estaba ansiando estaba a punto de llegar.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario