Escribir un texto que expanda una de las historias de “La señora delperrito” de Anton Chejov.
Para cualquier opción, antes de escribir, tenga en cuenta:
- Quién relata
- Desde el punto de vista de quién se relata
- Qué datos incluir en la historia para que el lector comprenda sin ir al texto de Chejov
- Qué estrategias del narrador justifican el hecho de contar historias escondidas.
Narración: La historia escondida
Un nuevo día comienza,
extiendo la mano a lo largo de la cama buscándolo a él, pero no está.
–Cierto, Yarta.
Pasaron más de quince días
desde que Dmitri viajó a Yarta y aun no regresó ni tengo noticias de él. No es
que lo extrañara, para ser sincera hace mucho tiempo deje de sentir por él algo
más que indiferencia, pero es incómodo asistir a las reuniones sociales donde
la pregunta obligada es cómo se encuentra mi “querido esposo” y no tener
respuesta. Suspiro y me levanto de la cama.
Me dispongo a atender mis
labores, supervisar las tareas domesticas y atender a mis hijos. Ellos son lo
único que rescato de este matrimonio, Andre, Vladimir y Ekaterina, son la razón
por la cual hace mucho tiempo no abandoné esta casa
.
Luego del desayuno; despido a
los niños que van al colegio y me dirijo a la biblioteca, pues leer es lo que más
disfruto, si no tuviese otras obligaciones, me pasaría días enteros con la
nariz detrás de un libro, ya que son un refugio, un escape de esta vida
solitaria y rutinaria a la que yo misma me reduje en el momento en que acepté
casarme con Dmitri Gurov.
Me considero una mujer
inteligente, normalmente no tomo una decisión sin cavilar todas las
posibilidades, podría decir que mi juventud, la falta de experiencia y la
fascinación por las historias románticas me llevaron a donde estoy ahora.
Ansiaba enamorarme, sentía mucha curiosidad, me preguntaba si realmente era
posible querer tanto a una persona como
afirmaban las innumerables novelas que leí. Y en ese momento apareció Dmitri,
tengo que admitir que era, y aún es, sumamente apuesto además sabía exactamente
cómo hablarme, cómo comportarse, qué hacer para predisponerme a su favor por lo
cual, es difícil no caer ante el encanto de este hombre. Por todas estas
cualidades hubo una época en la que se podría decir fuimos felices pero, con el
paso del tiempo, la relación se desgastó, nos aburrimos. Él se cansó de fingir, y yo podía notar el
fastidio en su cara cada vez que intentaba iniciar una conversación y a veces
ni siquiera se molestaba en responderme. Un día, cansada de su indiferencia,
comencé a llamarlo Dimitri, la primera vez que lo oyó pude divisar una chispa de enojo en su
mirada, que desapareció en cuestión de segundos. Ese fue el fin, si no se
molestaba siquiera en mostrar enojo, qué más podía esperar de esta relación. De
ahí en más nos limitamos en no interferir en la vida del otro, él comenzó a
realizar viajes y buscaba cualquier excusa para no estar en casa y yo, en secreto, le estaba sumamente
agradecida.
Un golpecito en la puerta me
sacó de mis pensamientos.
-Señora, ya es la hora- dijo
mi empleada.
- Muy bien, gracias- respondí.
Tenía una reunión en la casa
de la condesa Smirov, no estaba de ánimos para reuniones pero ya me había
ausentado a varias, y en esta ocasión no sabía qué excusa inventar. Además, la
condesa fue muy insistente, y me pidió reiteradas veces que no faltara.
En el instante en que pisé la
casa de la condesa me arrepentí de haber asistido. Había tantas cosas más
importantes que hacer.
-¡Irina!- era la voz de la
condesa.
- ¡Condesa!, es grato volver a
verla- dije con una falsa sonrisa.
- Lo mismo digo. No sabes cuánto
eché de menos tu presencia en la fiesta de la Baronesa Gólubev.
-Me disculpo por no asistir,
pero Ekaterina no se sentía bien y, como entenderá, no podía dejarla.
-Por supuesto, te
entiendo-dijo la condesa con tono condescendiente- Se encuentra mejor ¿verdad?
- Si, mucho mejor. Agradezco
su preocupación
-Y el señor Gurov ¿cómo se
encuentra? ¿Ha regresado de su viaje a Yarta? Tengo entendido que hace un buen
tiempo se encuentra allí- Y ahí estaba la pregunta que tanto me molestaba. Si a
mí no me preocupaba su retorno, por qué debería de importarle a los demás.
-Dmitri se encuentra en
perfecto estado de salud y aún no ha regresado. Aparentemente va a pasar una temporada más allí- contesté lo
más cortésmente que pude.
-Me alegra que goce de buena
salud, y ojala su estadía en Yarta no se prolongue demasiado, no es bueno para
usted estar tanto tiempo sola- Sonreí a su comentario ¿Qué más podía hacer?
Durante nuestra conversación
se acercó un caballero, saludá a la condesa y luego, ella me lo presentá.
-Irina, este es el señor
Ivanov. Acaba de llegar de Yarta- me señala y dice- Ella es Irina Gurov, esposa
de Dmitri Gurov.
-Encantando, señora- dice el
caballero luego de besarme la mano- Tuve el placer de conocer al señor Gurov en
Yarta, es un hombre con ideas bastante interesantes- dijo con una sonrisa
pícara.
-Si, así es él- contesté. Me
imaginaba a qué se refería y a qué se debía esa sonrisa.
-Mi última noche en Yarta lo
vi en compañía de una dama encantadora. En cuanto regrese, por favor,
discúlpeme por no haberme despedido correctamente, pero no deseaba
interrumpirlo- Luego de oír esto comprendí la insistencia de la condesa para
que asistiera a esta reunión.
- Le haré llegar sus
disculpas- respondí mordazmente- Si me disculpan, iré presentarles mis saludos
a los demás invitados- dije, y me alejé.
Me costó trabajo disimular mi
descontento. Por supuesto, estaba enterada de las muchas infidelidades de
Dmitri. Ya perdí la cuenta de cuántas noches llego a mi cama con la esencia de
otra mujer impregnada en él. No estaba segura si no se molestaba en esconder su
infidelidad o si me consideraba tan estúpida como para no notarlo. Quizá la
intención de hacer tan evidente su adulterio era la de cansarme, quizá buscaba
que con la excusa de sus múltiples traiciones yo abandonara mi casa, a mis
hijos y por supuesto a él. Pero si esa era su intención, lo único que lograba
era mostrar lo poco que me conocía. Admito que una vez estuve a punto de
hacerlo, pero mi orgullo no me lo permitió. El día que me libere de este
matrimonio será por su causa, tal vez él encuentre en una de sus tantas
conquistas un motivo para quedarse junto a ella ¿Amor, quizá? ¿Dmitri es capaz
de sentir amor?
El invierno llegó junto con
Dmitri, repetimos nuevamente la rutina de ignorarnos, pero algo en él había
cambiado. No dormía bien, por las noches daba vueltas en la cama y se sentaba interrumpiendo
también mi sueño; por las mañanas se levantaba y caminaba alrededor de la
habitación, sonreía y volvía a recorrer el cuarto una y otra vez.
En diciembre, durante las
vacaciones Dmitri me dijo que se iría de
viaje a San Petersburgo. Podía sentir la euforia en su voz cuando me lo dijo.
Algo en él había cambiado. Tal vez, la libertad que tanto estaba ansiando
estaba a punto de llegar.

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