En colaboracion con Rocio Moyano, Sofia Mazzarella y Florencia Coletto
1990: década polémica: hecho indiscutible. El apogeo de los videoclubs encuentra su lugar en aquel periodo. Susana se inició en la atmosfera de los videoclubs a comienzos de último decenio del siglo XXI. San Cristóbal, sede de Videocompu, ofrece gracias a su mixtura social una cartera de clientes de variada índole. Susana, quien en compañía de una colega decidiera fundar Videocompu, nos facilita una porción de su perspectiva. La propuesta ha variado en sus formatos de acuerdo al desarrollo de los mismos: películas en VHS, DVD y Blue-Ray conviven hoy en el vasto repertorio que constituye la videoteca del local. Lo mismo sucedió con las consolas, los niños crecen, la industria de videojuegos también.
Susana es una mujer esbelta, de unos cincuenta y cinco años, su cabello rubio, prolijamente recortado, colorea su semblante. Al hablar ríe, ironiza y suspira al rememorar los vaivenes atravesados por lo que pareciera ser un hijo, más que un negocio. Videocompu no es una megaempresa, nada parecido: el equipo de trabajo se compone por su familia: padre, madre, hijo, y dos empleados jóvenes. La construcción del espacio no es otra que la de un videoclub de los noventa: gigantografías de personajes de Disney y carteles de clásicos del cine contemporáneo cuelgan del techo; bateas interminables de DVDS, juegos de PC y Playstation organizados por sección completan la escena. Pensar el espacio como un viaje en el tiempo implica pasar por alto la alteración de los formatos, no obstante la atmosfera permanece intacta. A decir de Susana, el trato con el cliente hace al oficio, el arte de la recomendación exige ciertos saberes y predisposición a la escucha activa que los servicios modernos no suelen integrar. He aquí un tema de debate: ¿Qué cualidades hacen de un servicio el mejor? Claramente no existe una respuesta certera, las apreciaciones respecto a las cualidades que debe reunir un buen servicio responden siempre a la subjetividad del entrevistado. Las mencionadas por Susana son justamente las que le permitieron sobrevivir no solo a sus pequeños, grandes, e incluso, desleales competidores como Blockbuster o sus colegas vecinos; sino también a la vorágine de cambios tecnológicos que tuvo que atravesar durante estas dos décadas de servicio.
El cambio de siglo trajo aparejada, junto a sus diversas dificultades, esta idea de supervivencia. La competencia se tornó un tanto desleal, ya que dejó de ser entre pares; ahora los principales rivales estaban vinculados con lo masivo: cadenas como Blockbuster o el mismo acceso a la televisión por cable, todo en el contexto de la fuerte crisis que atravesó el país durante el año 2001. Susana manifiesta que llevar las contrapartidas de una competencia de este calibre fue muy duro, sumado a que, cualquier acción colectiva por parte de los colegas del rubro en el perímetro de San Cristóbal, resultaba impensada dada la mala relación existente, que ni semejantes contratiempos lograrían revertir.
La crisis económica de 2001 implicó un quiebre, y serios problemas respecto al flujo de ingresos en todo tipo de comercios, y Videocompu no fue la excepción. Pero luego de una breve charla, uno podría decir con firme convicción, que Susana tiene aquello que se denomina “espíritu emprendedor”; rememora con cierta melancolía la iniciativa, que consistió en fomentar el consumo a través de promociones, entre las cuales la estrella fue el “5x5” que, como su nombre lo indica, ofrecía el alquiler de cinco películas durante cinco días a un valor de cinco pesos. Susana hace una pausa, reflexiona y comenta que posiblemente dicha promoción debió su éxito a la creciente necesidad de distracción mediante entretenimiento de quienes ya no podían acceder al pago de servicios de cable, o costear salidas como el cine o el teatro. Así se lo dejaron saber sus clientes, entre charla y charla, ya sea a través de encendidas quejas respecto de la situación del país o en un tono más íntimo, con algo de vergüenza. El ingenio y perseverancia prevalecieron, y a pesar de la depresión económica que signó el primer decenio del 2000, el cierre de las sucursales de Blockbuster radicadas en Buenos Aires representó un alivio y una nueva posibilidad para Susana de posicionar su negocio.
Hoy Videocompu es el único sobreviviente de la zona, y si bien el futuro es incierto, nuestra entrevistada se permite también confesar un deseo; con convertir a Videocompu en un cineclub con bar, tal vez, si lograra resolver las trabas técnicas, burocráticas y legislativas. Por el momento apuesta a la melancolía de su clientela y a su capacidad de brindar lo que las grandes compañías han olvidado, el cine independiente y/o de autor, y la calidad no solo en imagen y sonido sino también en la personalización del servicio.
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